La verdadera identidad no está ni en la disciplina de Buda ni en el ejército de Mara; ni en los dioses ni en los demonios; ni en la afirmación ni en la negación. La verdadera identidad reside en la parte que presencia la lucha. Somos lo que observa, no lo que observamos. Una vez que verificas que la lucha con los muchos “Yoes” no dura indefinidamente, que tu persistencia te lleva a un punto de combustión, has verificado el principio de la Transformación.