No se trata de aquello que nos hace falta, sino de aquello que desperdiciamos. Repartimos nuestra energía indiscriminadamente y utilizamos en modo indebido las herramientas a nuestra disposición. “El hombre tiene suficiente energía para empezar a trabajar en sí mismo”, dice George Gurdjieff, “necesita solamente aprender cómo ahorrar la mayor parte de esa energía para un uso provechoso, en vez de malgastarla”.

Podemos observar lo mismo en la naturaleza. Las ramas de la vid se alargan y crecen excesivamente, provocando que sus frutos pierdan vitalidad. El agricultor, entonces, remueve el crecimiento indeseado en marzo y prepara así sus viñas para la cosecha de septiembre. El Trabajo de Febrero fue cortar la leña para mantener vivo el fuego, en cambio Marzo requiere previsión. El agricultor debe podar y manipular el crecimiento de la vid pensando en la cosecha.

Para aplicar el mismo razonamiento a nuestro trabajo interior, en primer lugar debemos definir un objetivo, y combinarlo con un entendimiento profundo de nuestros obstáculos personales. Dedicamos el trabajo de Enero para obtener lo primero; el trabajo de febrero para obtener lo segundo. Ahora que contamos con la experiencia de los dos meses que han pasado ¿logramos oponer resistencia a la identificación, minimizar el habla innecesaria, o evitar la expresión de la negatividad? ¿Lo hacemos sólo porque esta enseñanza nos lo indica, o porque comprendemos el impacto que tendría en nuestra cosecha?

Si eres nuevo en este camino, es el momento de que te plantees un objetivo. Si en cambio ya has formulado tu propósito en enero, ahora debes analizar si éste aún refleja lo que deseas cosechar. ¿Qué necesitas podar hoy para garantizar una cosecha abundante mañana?