El mes pasado reexaminamos nuestro deseo de despertar y trabajamos con él para obtener una meta práctica. Las respuestas de los estudiantes giraron naturalmente alrededor de patrones psicológicos repetitivos, inhibiendo así su despertar. Algunos formularon metas relacionadas con el miedo, otros con la consideración interna, y otros con la tendencia a juzgar. Normalmente pensamos en las metas como destinos que deben ser alcanzados, así que podríamos suponer que después de un año de trabajo, quien hoy teme se volverá valiente, quien hoy considera internamente será seguro de sí mismo, y aquél que hoy juzga se volverá compasivo. En realidad, cuando cavamos hondo y llegamos a las raíces de nuestra psicología, descubrimos que nuestros hábitos psicológicos más profundos no se doblegan fácilmente, ni pueden ser alterados sin producir consecuencias no deseadas. Si, por algún esfuerzo extremo, los temerosos se forzasen a contener el miedo, no sólo se tornarían valientes, sino también obstinados e insolentes. Su conquista del miedo habrá generado una manifestación nueva e igualmente problemática. Reemplazar una forma de sueño por otra no puede ser considerado como un método para “despertar”. Por lo tanto, el paso que sigue después de haber establecido nuestras metas sería cambiar la forma en la que pensamos en ellas. En vez de eliminar los hábitos que inhiben nuestro despertar, ¿podemos transformarlos en algo útil? ¿Podemos usar nuestra psicología como una chispa para encender el fuego de la conciencia?

Self Observation - Prometheus by Rubens

Prometeo por Peter Paul Rubens

Prometeo robó el fuego de los dioses y lo dió a la humanidad. Muchos artistas que retrataron a Prometeo se figuraron a un héroe flotando en el cielo, que enciende una antorcha en el sol, vuelve a la tierra y distribuye furtivamente su contrabando entre los hombres. Pero si ése fuera el caso, la humanidad habría recibido un regalo muy vulnerable. Una llama, producida por la llama original de Prometeo, tendría que ser alimentada permanentemente para evitar que se extinguiera y se perdiera para siempre. Una tempestad podría fácilmente apagar esa sola llama, o podría morir durante la noche cuando sus vigilantes estuviesen dormidos, o podría ser robada entre tribus, o podría ser perdida de varias otras maneras. La humanidad entonces desperdiciaría su privilegio, y Prometeo — que a causa del robo, fue castigado eternamente por Zeus — no estaría en posición de ayudarlos. No, Prometeo no pudo haber traído consigo una antorcha encendida para la humanidad; lo que él trajo consigo fue el conocimiento de cómo se enciende el fuego a través de la fricción.

Al frotar, se genera fricción. La fricción emite calor. El calor produce una llama. Éste fue el principio divulgado por Prometeo, aparentemente contra la voluntad de Zeus. La capacidad de generar fuego, obviamente, civilizó a la humanidad. Las personas ahora podían cocinar alimentos, calentar cuevas e iluminar la oscuridad. Una interpretación de esta leyenda alude a un Zeus indignado por tal transgresión, la cual habría elevado a la humanidad muy cerca del nivel de los dioses. Los rasgos solares no deben estar bajo el control de seres terrestres. Pero es difícil entender cómo la capacidad de encender el fuego puede poner a la humanidad junto a los dioses. Si los seres humanos fueran salvajes impíos, entonces el conocimiento del fuego sólo los haría tecnológicamente más avanzados, pero no más divinos. Otra cosa aún sobre esta revelación debe haber inflamado la ira de Zeus: una aplicación diferente de ese principio científico que no sólo alteraba el estilo de vida de las personas, sino también su carácter, su inteligencia, su ser.

Entonces, ¿cómo puedo usar mis hábitos psicológicos más arraigados para encender el fuego de la conciencia? Debo aplicar el principio de Prometeo de la fricción. Si tengo la meta de observar en lugar de eliminar un hábito, entonces cada vez que reincido en él, eso mismo me recuerda mi objetivo. Juzgo, observo, juzgo, observo, juzgo, observo. Si permitimos que este movimiento de ida y vuelta dure el tiempo necesario, la sensación de “yo” cambia gradualmente del “yo” que juzga al “yo” observador. Mi hábito estimuló una transformación; ¡mi sueño me recordó de despertar! Independientemente de que Zeus haya pretendido o no que los seres humanos experimentaran tal transformación, cuando nuestra percepción de nosotros mismos cambia de los “muchos yo” al “yo real”, tocamos lo milagroso y nos convertimos en dioses de nuestro microcosmos. Esto podría haber sido el regalo prohibido presentado a la humanidad por Prometeo, un secreto que alteró su carácter, su inteligencia y su ser. Éste es el trabajo de febrero.

“A veces me parece”, dijo Rodney Collin, “que la píldora que el hombre astuto tragó para obtener de una vez lo que los demás trabajaron durante años para conseguir, fue: ‘Las cosas son como son, yo mismo soy como yo soy‘”¿Puedes aceptar tus hábitos más profundos? ¿Puedes utilizarlos para generar la auto-observación?